Marcos Val en profundidad: la realidad del Agente Tutor en Canarias

Imagen del agente tutor en una charla
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Marcos Val es hoy una de las voces más reconocidas dentro de la Policía Local de Canarias cuando se habla de menores y prevención. Oficial y agente tutor, su trayectoria profesional se ha ido entrelazando de forma natural con el ámbito educativo, donde lleva más de ocho años trabajando directamente en las aulas. Su figura se ha convertido en referente para muchos compañeros, no solo por su intervención diaria con menores, sino por su intensa labor formativa impartiendo cursos y ponencias a policías de toda Canarias, así como a docentes, familias y estudiantes. Marcos representa esa evolución de la función policial que apuesta por la cercanía, la escucha activa y la prevención como herramientas esenciales. Su trabajo, discreto pero profundamente transformador, refleja una manera de entender el uniforme desde la humanidad, la empatía y el compromiso real con la infancia y la adolescencia.

Conversar con Marcos Val permite adentrarse en una realidad que muchas veces permanece invisible. Estas son sus reflexiones, expresadas con la misma claridad y honestidad con la que desarrolla su labor.

Después de tantos años como policía y más de seis dentro de las aulas, ¿recuerdas algún momento concreto en el que sentiste que tu presencia cambió realmente la vida de un menor? ¿Qué ocurrió y cómo te marcó?

Sí. Recuerdo especialmente a un chico de unos 13 años que apenas hablaba. No generaba conflictos, no llamaba la atención, pero su silencio era demasiado profundo para su edad. Un día, después de varias visitas al centro, se acercó al final de una charla y me preguntó si podía hablar conmigo “sin que nadie se enterara”. Me contó que llevaba meses sufriendo molestias y burlas de compañeros, que había pensado incluso en no querer ir más al instituto.
No fue una intervención rápida. Fue un proceso. Escucharle, coordinar con el centro, con la familia, protegerle sin exponerle más. Meses después, ese mismo chico me saludó en el patio, sonrió y me dijo: “Ahora estoy bien, gracias Marcos”.
Ese momento me recordó que a veces nuestra función no es detener algo visible, sino sostener algo invisible. No siempre vemos el resultado inmediato, pero cuando ocurre, te marca para siempre.

La figura del agente tutor exige cercanía, escucha y empatía. ¿Qué has aprendido tú de los jóvenes que quizá nunca habrías descubierto trabajando únicamente en la calle?

He aprendido que muchos menores no necesitan que alguien les diga lo que está bien o mal, sino que alguien les escuche sin juzgarles. En la calle ves conductas; en las aulas ves personas.
He descubierto que detrás de muchas actitudes desafiantes hay miedo, inseguridad o falta de referentes. También he aprendido su enorme capacidad de resiliencia. Jóvenes que viven situaciones familiares muy duras y, aun así, siguen adelante.
Y algo muy importante: cuando un menor confía en ti, esa confianza es un privilegio. No ven al uniforme, ven a la persona. Eso cambia completamente la forma de intervenir.

Hablas de acoso escolar, adicciones tecnológicas, absentismo… Problemas complejos. ¿Cuál es la señal más silenciosa o inesperada que te ha hecho intervenir alguna vez?

Muchas veces no es lo que el menor dice, sino lo que deja de hacer. Cambios sutiles: un alumno que de repente deja de participar, que evita el contacto visual, que siempre está solo en el recreo cuando antes no lo estaba.
Recuerdo el caso de una chica que empezó a pedir constantemente salir de clase para ir al baño. No era un problema físico. Era la única forma que tenía de escapar unos minutos de un entorno que la estaba asfixiando emocionalmente.
Los menores rara vez verbalizan el sufrimiento de forma directa. Lo expresan con silencios, con ausencias o con pequeños cambios. Aprendes a observar más allá de lo evidente.

Dices que los agentes tutores llegan “donde otros no llegan”. A nivel personal, ¿cómo gestionas el impacto emocional de acompañar situaciones difíciles que afectan a menores y familias?

No es fácil, porque somos policías, pero también somos personas. Hay historias que te acompañan más allá del horario de trabajo.
Lo gestiono recordando que mi función es aportar estabilidad, no cargar con todo el peso. El trabajo en equipo con orientadores, docentes y familias es fundamental. Compartir la responsabilidad protege también emocionalmente.
Y, sobre todo, me ayuda centrarme en lo que sí podemos cambiar. No siempre podemos transformar una realidad completa, pero a veces basta con que un menor sepa que no está solo. Eso ya es un cambio importante.

Si pudieras hablarle directamente a un niño o adolescente que está pasando por una situación complicada, sin uniforme ni protocolo, ¿qué le dirías?

Le diría que lo que está sintiendo importa. Que no es débil por sentirse mal, ni por tener miedo, ni por no saber qué hacer.
Le diría que no tiene que enfrentarlo solo, aunque ahora lo parezca. Siempre hay alguien dispuesto a escucharle y ayudarle, aunque todavía no lo haya encontrado.
Y, sobre todo, le diría que su vida no está definida por el momento que está viviendo ahora. Las situaciones cambian, el dolor pasa, y pedir ayuda es el primer paso para salir adelante.

Tras esta conversación, uno entiende que la figura del agente tutor va mucho más allá de un destino o una especialidad dentro de la policía. En Marcos Val se percibe algo difícil de describir pero fácil de reconocer cuando lo tienes delante. La convicción tranquila de quien sabe que su trabajo no siempre genera titulares, pero sí cambios reales.

Hablar con Marcos Val es asomarse a esa parte silenciosa de la labor policial donde no hay sirenas ni intervenciones espectaculares, sino miradas atentas, conversaciones discretas y una paciencia casi infinita. Es descubrir que prevenir también es proteger, que escuchar también es intervenir y que, a veces, la mayor autoridad nace de la cercanía.

En tiempos donde la prisa y la inmediatez parecen marcarlo todo, su testimonio recuerda algo esencial. Que detrás de cada menor hay una historia que merece ser entendida. Que la presencia de un policía puede convertirse en refugio. Y que hay compañeros que, desde la discreción, están dejando una huella profunda en generaciones enteras.

Porque al final, más allá del uniforme, quedan las personas. Y algunas, como Marcos, dignifican cada día el verdadero sentido de esta profesión.

Imagen en una entrevista en televisión

Imagen de charla en un instituto

Imagen durante una charla

Imagen en un centro educativo

Imagen realizando formación para agentes

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