Durante más de dos décadas, los nombres de Tomás Calamardo Villamayor y Javier Plaza Prada han estado estrechamente vinculados al programa de Agentes Tutores de la Policía Local de Coslada. Veintidós años de trabajo con menores, centros educativos, familias y profesionales de distintos ámbitos que han convertido su trayectoria en una referencia dentro de un modelo policial basado en la prevención, la proximidad y el acompañamiento.
Su trabajo comenzó mucho antes de que el concepto de agente tutor alcanzara la dimensión que tiene actualmente. Desde entonces, ambos agentes han desarrollado una forma de entender esta función en la que la intervención policial no se limita a actuar cuando aparece un problema. Una parte fundamental de su labor ha consistido precisamente en estar antes: conocer a los menores, mantener una relación continuada con los centros educativos, escuchar a las familias y convertirse en una figura a la que acudir cuando las circunstancias lo requieren.
Esa presencia mantenida durante años explica, en buena medida, el reconocimiento que han recibido de compañeros y profesionales vinculados al ámbito de los Agentes Tutores. Las muestras de afecto y agradecimiento que se han producido tras conocerse su salida de esta función tienen un elemento común: quienes han compartido camino con ellos no destacan únicamente su experiencia profesional, sino también la cercanía con la que han desarrollado su trabajo.
En los testimonios recibidos aparecen recuerdos de personas para las que Tomás y Javier fueron mucho más que dos policías destinados a un centro educativo. Algunos compañeros hablan de ellos como referentes dentro del colectivo y recuerdan los conocimientos y experiencias que compartieron a lo largo de los años. Otros destacan la ayuda recibida en momentos concretos o la influencia que tuvieron en su propia manera de entender el trabajo con menores. También hay quienes, después de una relación que comenzó siendo estrictamente profesional, terminaron considerándolos amigos.
Ese reconocimiento tiene una particularidad. No procede únicamente de quienes han trabajado directamente con ellos en Coslada, sino también de profesionales que han coincidido con ambos en el desarrollo y consolidación del modelo de Agente Tutor en otros municipios. Su experiencia ha traspasado, por tanto, el ámbito estrictamente local y se ha incorporado a una red profesional en la que el intercambio de conocimientos y experiencias resulta fundamental.
A lo largo de estos años, Tomás y Javier han participado en iniciativas de formación y divulgación relacionadas con su especialidad y han compartido el conocimiento adquirido durante su trayectoria. También han plasmado parte de esa experiencia en publicaciones, contribuyendo a dar visibilidad a una función policial que tiene en la prevención uno de sus principales objetivos.
Pero detrás de esa dimensión profesional existe otra más difícil de recoger en una memoria o en un currículum: la relación construida con las personas. Quienes han conocido su trabajo recuerdan conversaciones, intervenciones y situaciones concretas en las que su presencia fue importante. Algunas de esas actuaciones probablemente quedaron registradas en un expediente; muchas otras, simplemente, quedaron en la memoria de quienes las vivieron.
Es una de las particularidades del trabajo de un agente tutor. Buena parte de sus resultados no se traducen necesariamente en cifras. Prevenir un conflicto antes de que se produzca, conseguir que un menor confíe en un adulto, facilitar que una familia encuentre ayuda o detectar a tiempo una situación de riesgo son actuaciones cuyo valor no siempre aparece reflejado en los indicadores habituales de una organización policial.
Quizá por eso los mensajes de reconocimiento recibidos en estos días tienen un componente especialmente personal. Quienes escriben no se limitan a recordar una trayectoria profesional extensa. Hablan de dos compañeros que les ayudaron, que les enseñaron, que estuvieron disponibles cuando fue necesario y que, en algunos casos, terminaron formando parte de su vida más allá del ámbito estrictamente laboral.
Después de 22 años, esa es probablemente una de las mejores formas de medir el alcance de un trabajo como el suyo. No solo por el número de centros educativos visitados, reuniones mantenidas o intervenciones realizadas, sino por las personas que todavía recuerdan que, en un determinado momento, hubo dos policías dispuestos a escucharles y a buscar una solución.
La trayectoria de Tomás Calamardo y Javier Plaza también forma parte de la evolución del propio modelo de Agente Tutor. Su experiencia refleja cómo una función inicialmente centrada en el contacto entre policía y comunidad educativa ha ido incorporando nuevas necesidades y formas de intervención. Los problemas a los que se enfrentan los menores cambian, las familias cambian y también lo hace la realidad de los centros educativos. El agente tutor necesita, por tanto, capacidad de adaptación y una formación permanente.
Su salida de esta etapa profesional pone, por tanto, el punto final a un periodo especialmente largo, pero no borra lo construido durante él. Veintidós años dejan una huella difícil de resumir en un reconocimiento concreto. Está en los compañeros que aprendieron de ellos, en los profesionales que los consideran referentes, en las familias que recuerdan su intervención y en los menores que, en algún momento, encontraron en aquellos dos policías una persona adulta dispuesta a escucharles.
Para la Policía Local de Coslada termina una etapa. Para el colectivo de Agentes Tutores queda, en cambio, el legado profesional de dos agentes que han contribuido durante más de dos décadas a consolidar una manera de entender la proximidad policial basada en la prevención y en la relación personal.
Después de 22 años, lo importante no son solo los años de servicio, sino las personas que quedan en el camino y la huella que dejamos en ellas. Vosotros habéis estado ahí, con trabajo, con compromiso, con una sonrisa y muchas veces simplemente con la disposición de escuchar y ayudar. La ciudad seguirá necesitando personas como vosotros y, aunque ahora cambie vuestra etapa, sabed que seguís teniendo aquí a compañeros que os quieren, os respetan y os acompañan. Todo lo que habéis dado permanece en quienes hemos tenido la suerte de compartir este camino. Y cuando una etapa termina dejando tanto cariño detrás, quizá sea porque el trabajo estuvo bien hecho.

























