El Tribunal Supremo ha confirmado la sanción disciplinaria impuesta a un agente de la Guardia Civil por su actitud “desafiante” frente a un mando de la Policía Local durante un incidente ocurrido en Melilla. La sentencia de la Sala de lo Militar considera acreditado que el guardia civil protagonizó una discusión en plena vía pública con un subinspector de la Policía Local mientras vestía uniforme reglamentario, aunque se encontraba fuera de servicio, y en presencia de otros agentes y ciudadanos, un comportamiento que el tribunal considera impropio de un miembro de las fuerzas de seguridad.
Los hechos se produjeron una mañana cuando un subinspector de la Policía Local observó al agente de la Guardia Civil sentado junto a un establecimiento público. El guardia civil vestía completamente de uniforme y estaba acompañado de un perro de apariencia potencialmente peligrosa que se encontraba sin bozal y ocupaba parte del paso peatonal.
Según recoge la resolución judicial, el animal dificultaba el tránsito de personas por la zona, hasta el punto de que el propio mando policial tuvo que pasar por el bordillo para evitarlo. En ese momento, el perro se abalanzó hacia él.
Ante esta situación, el subinspector se dirigió al agente para advertirle del riesgo que suponía la presencia del animal sin bozal y recomendarle que adoptara las medidas necesarias para evitar posibles incidentes.
La respuesta del guardia civil fue inmediata. Tal como describe la sentencia, se levantó “como un resorte” y, tras observar al policía “de arriba abajo de forma desafiante”, cuestionó su autoridad para indicarle cómo debía actuar, elevando el tono de la conversación.
A pesar de que el subinspector se identificó como miembro de la Policía Local y trató de calmar la situación, el agente continuó alterado, cuestionando las indicaciones recibidas e iniciando una discusión en la que incluso llegó a decirle que se “aprendiera” el Código Penal.
Ante la escalada de tensión, el mando policial solicitó apoyo de una patrulla de la Policía Local. Antes de la llegada de los agentes, el guardia civil abandonó el lugar y se dirigió a su domicilio, desatendiendo las indicaciones de permanecer en la zona para ser identificado.
Posteriormente regresó al lugar sin el perro, aunque según recoge la resolución judicial continuó mostrando una actitud hostil hacia los agentes que habían acudido en apoyo.
El Tribunal Supremo ha ratificado la sanción al considerar que la conducta del guardia civil fue incompatible con el comportamiento exigible a un miembro de las fuerzas de seguridad, especialmente al producirse en la vía pública, vestido de uniforme y ante la presencia de ciudadanos y otros agentes.















