Sebas Tià, el agente tutor que transforma la realidad en libros para entender a los jóvenes

Imagen de Sebas Tià
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Hay trayectorias profesionales que trascienden el uniforme. Historias que nacen en la calle, entre intervenciones reales, silencios difíciles y decisiones urgentes, pero que encuentran en la palabra una segunda vida. Es el caso de Sebastián Tugores Ramis, conocido literariamente como Sebas Tià, agente tutor en Rivas-Vaciamadrid desde 2008 y un referente en la prevención juvenil tanto dentro como fuera de las aulas.

Su perfil no es habitual: policía, escritor, formador y educador. Con estudios en Psicología y Lengua y Literatura, ha sabido construir un puente entre la intervención directa con menores y la reflexión profunda sobre los conflictos que atraviesan. Sus libros, basados en experiencias reales, no buscan el impacto fácil, sino generar conciencia. En ellos habla de acoso, adicciones, riesgos digitales o relaciones tóxicas, pero sobre todo habla de lo que hay detrás: emociones, decisiones y contextos que muchas veces pasan desapercibidos.

Para Tugores, escribir no es solo narrar, sino cuidar. Una forma de prevención emocional que complementa su labor diaria como agente tutor en los centros educativos. Su mirada, forjada en la experiencia y la empatía, ofrece una perspectiva única sobre el mundo adolescente. En esta entrevista, profundizamos en esa doble vocación: proteger y comprender.

Muchas de sus historias nacen de situaciones reales que ha visto como policía. ¿Alguna vez ha sentido que escribir sobre ciertas experiencias implica revivirlas demasiado o incluso cargar con emociones que quizá en el momento del servicio tuvo que reprimir?

Sí, ocurre con frecuencia. Cuando estás de servicio debes actuar con serenidad y rapidez; no hay espacio para detenerse en lo que sientes. Las emociones quedan en segundo plano porque hay que resolver lo que está pasando. Pero cuando escribes, inevitablemente regresas a ese lugar. Vuelves a la escena, a los silencios, a las miradas. Escribir tiene algo de eso: de abrir una puerta que durante el trabajo policial has tenido que cerrar para seguir adelante. A veces remover esos recuerdos duele, pero también permite comprender mejor lo vivido y transformarlo en algo que pueda servir a otros.

Después de años escuchando a jóvenes en colegios, ¿qué cree que es lo más importante que los adolescentes intentan decirnos a los adultos… pero que seguimos sin saber interpretar?

Creo que muchas veces nos están diciendo algo muy sencillo: “mírame y escúchame de verdad”. Los adolescentes viven las emociones con una intensidad enorme y, sin embargo, los adultos solemos responder con prisas, normas o juicios. En los talleres que doy en colegios he comprobado que cuando un joven siente que alguien le escucha sin ridiculizarle ni minimizar lo que siente, cambia completamente su actitud. A veces no necesitan soluciones inmediatas; necesitan sentirse comprendidos.

Cuando presencia situaciones límite —como el doble asesinato que menciona en su próxima novela—, ¿qué parte de esa experiencia se queda dentro de la persona y no puede contar ni el policía ni el escritor?

Hay una parte muy silenciosa que nunca aparece en los informes ni en los libros. Es la atmósfera del momento: el ambiente de una casa, el silencio de una habitación, la mirada de las personas que están allí. Son detalles que no siempre se pueden explicar con palabras. Como policía aprendes a describir hechos, pero no lo que se siente al estar allí. Y como escritor intentas acercarte, pero sabes que hay experiencias que pertenecen a la memoria de quienes estuvieron presentes y que nunca podrán transmitirse del todo.

Si pudiera sentarse hoy frente a un adolescente que dentro de unos años podría convertirse en víctima o agresor en una historia como las que usted narra, ¿qué conversación le gustaría tener con él antes de que tome esa decisión?

Intentaría hablar con él sin sermones. Le diría que muchas decisiones que parecen pequeñas, tomadas en un momento de rabia o presión, pueden marcar una vida entera: la suya y la de otros. También le diría que pedir ayuda no es debilidad. A veces los jóvenes sienten que tienen que demostrar algo o resolverlo todo solos. Me gustaría que entendiera que siempre existe otra salida, otra conversación, otra oportunidad antes de cruzar una línea que luego es muy difícil de deshacer.

Usted ha dicho que escribir es una forma de cuidar. Si dentro de veinte años alguien le dijera que uno de sus libros cambió una decisión importante en su vida, ¿qué decisión le gustaría que hubiera cambiado?

Me gustaría que hubiera cambiado una decisión tomada en un momento de soledad o desesperación. Si un libro consigue que alguien se detenga un instante antes de hacer daño a otra persona, o antes de hacerse daño a sí mismo, entonces habrá cumplido su función. Para mí escribir no es solo contar historias: también es intentar dejar una pequeña luz encendida para quien pueda necesitarla.

La conversación con Sebas Tià deja una sensación clara: detrás del policía y del escritor hay un profundo compromiso con la prevención y el cuidado de las personas. Su trabajo no se limita a intervenir cuando el problema ya existe, sino a anticiparse, a sembrar reflexión y conciencia. En una sociedad donde los jóvenes afrontan cada vez más estímulos y riesgos, voces como la suya resultan necesarias. Porque, como él mismo defiende, educar —ya sea desde la calle o desde un libro— sigue siendo la forma más humana de proteger.

Imagen del policía-escritor

Imagen del agente firmando ejemplares

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