
Francisco Javier Grau Zahonero, agente de la Policía Local de Alzira
¿Aún crees que disponer de tarjeta de movilidad reducida es un privilegio? ¿Sigues sin empatizar con este colectivo vulnerable? ”Perdone, ha sido un momento” ¿ha sido tú respuesta al ocupar alguna vez este tipo de estacionamientos? Sí tu respuesta a alguna de las anteriores preguntas ha sido un SI, sigue leyendo y te ayudare a cambiar esta perspectiva.
Cuando se habla de los lugares para personas con movilidad reducida, a todas las personas nos viene a la mente los lugares con pintura azul y con el símbolo internacional de accesibilidad (SIA) pintado de blanco, donde personas con discapacidad tienen “el privilegio” de poder estacionar en las cercanías de determinados edificios y lugares de mayor tránsito.
Ese trato de “privilegio” (según pueden pensar algunos), viene producido por afecciones severas y patologías adversas anteriores durante años, las cuales ha prostrado una vida para siempre. Es por eso, que ese “privilegio” se transforma en un estado invisible para los más desfavorecidos en eras anteriores, no existiendo una visibilidad actual a la sociedad de todos los problemas acaecidos como: visita a médicos, hospitalizaciones seguidas, enfermedades reconocidas y un deterioro en su movilidad, la cual ha mermado para siempre una vida con el “privilegio” de una salud normal en aras de quién no ha pasado por todo ello.
Fruto de esa dolencia reconocida por su grado de discapacidad, surge el poder estacionar en lugares habilitados a ello mediante una tarjeta expedida por organismos oficiales, la cual ofrece unos derechos como también unas obligaciones en la manera de utilizar dicho documento.
La fijación del número de plazas reservadas a personas con discapacidad, viene establecida en dependencia de los usuarios de los edificios públicos o de los vecinos de la zona que lo han solicitado. No es un cálculo al azar sino que atiende a criterios concretos, y su empleo se reserva a quienes tienen necesidad de las mismas.
Es por ello que otras personas sin escrúpulos ni ningún tipo de pudor, principios escasos y carencia de empatía, falsean este tipo de tarjetas mediante reproducciones gráficas del documento original y así beneficiarse de estos lugares “privilegiados”, donde cada estacionamiento que sí dispone de una tarjeta genuina/original tiene su historia de penurias pasadas para este “privilegio”.
Los casos de una mala praxis por parte de usuarios que no disponen de habilitación al efecto son diversos: desde estacionar sin tarjeta, a realizar un uso indebido por no portar en el momento de estacionar, a la persona con discapacidad. Pero realmente la “joya de la corona” es el poder disponer de una tarjeta fotocopiada de un familiar o conocido para obtener los beneficios derivados de la misma, sin que el titular de la tarjeta, y en consecuencia el titular de los derechos que la misma otorga pueda realizarlo cuando realmente lo necesite, creando un impedimento real y doloso en los más vulnerables cuando sí desean poder hacer uso de este tipo de lugares.
Una frase que se debería de aplicar la ciudadanía infractora es esta: “Quédate estacionado, pero con todo lo que conlleva el hecho”. De esta manera muchos ciudadanos deberían de poder saber, sentir, notar y trasladar a su vida, todo lo que conlleva la problemática de las personas con movilidad reducida y sus “privilegios” de estacionamientos.
Estacionar en estos lugares sin autorización, lleva aparejada una multa pecuniaria de 200 euros, por infringir el Reglamento General de Circulación, pudiendo ser retirado el turismo por el servicio de grúa para dejar el lugar habilitado para quién realmente lo necesita.
Cabe hablar también de los presuntos fraudes que se pueden cometer en cuanto a falsedades documentales, pero lo haremos en otra publicación y así, ampliaremos información y atenderemos las necesidades del lector.
Como bien se dice, respetar no es una opción, es la única opción existente entre la infinidad de posibilidades, por todo ello, se debe empatizar con la invisibilidad de los más vulnerables y no poner obstáculos a quién de por sí ya se los ha puesto una enfermedad.
















