
Rafael Vera, fue Director de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid (1980/82) y Director de Seguridad del Estado (1982/84 y 1986/94)
En el bicentenario de la Policía Nacional, Rafael Vera recorre dos siglos de historia que son también dos siglos de transformación del Estado español. Desde su origen en 1824 hasta la modernización democrática y tecnológica actual, el artículo combina memoria institucional y experiencia personal. Especial atención merece la integración de cuerpos en 1986 y el difícil tránsito desde una policía heredada del franquismo a un modelo profesional y constitucional. Un texto que invita a reflexionar sobre seguridad, libertades y modernización democrática. Rafael Vera forma parte de la historia democrática de las Policías Locales y de la seguridad del Estado en los años más duros de la democracia. Por su extensión, hemos considerado más adecuado la división del artículo en dos partes, la que publicamos hoy y la que verá la luz mañana.
La Policía Nacional tiene su origen en la creación de la Policía General del Reino en 1824, bajo el reinado de Fernando VII. Este fue el primer cuerpo policial de ámbito nacional en España, encargado de mantener el orden público y la seguridad ciudadana. Durante el siglo XIX, la policía fue consolidando su estructura y funciones, adaptándose a los cambios políticos y sociales del país. Se establecieron nuevas normativas y se mejoró la formación de los agentes.
A lo largo del siglo XX, la Policía Nacional experimentó varias reformas: desde los “Guardias de Asalto” durante la II República, pasando por la “Policía Armada” tras la Guerra Civil (cuyos miembros eran conocidos como “los grises”), hasta la llegada de la Transición democrática, en la que recuperó el nombre de “Policía Nacional” y se modernizó la uniformidad. Se unificaron diferentes cuerpos y se incorporaron nuevas tecnologías y procedimientos.
Creación del moderno Cuerpo Nacional de Policía
En 1986, la Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado estableció el actual Cuerpo Nacional de Policía, integrando a la Policía Nacional (antigua Policía Armada) y al Cuerpo Superior de Policía. Este hito marcó el inicio de una etapa de mayor profesionalización y especialización.
En las últimas décadas, la Policía Nacional ha afrontado nuevos desafíos, como la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado, el narcotráfico y los delitos tecnológicos. Se ha potenciado la formación, la cooperación internacional y la cercanía con la ciudadanía. Estos hitos reflejan la evolución de la Policía Nacional a lo largo de 200 años, destacando su capacidad de adaptación y su papel fundamental en la seguridad y el bienestar de la sociedad española.
La creación de divisiones específicas, como la División de Operaciones y Transformación Digital, ha impulsado la coordinación y supervisión de la operatividad policial en todos sus frentes. Se han adecuado los procedimientos a los desafíos actuales, fortaleciendo el uso de la tecnología en todas las facetas operativas y promoviendo la interoperabilidad de bases de datos policiales.
La Policía Nacional utiliza inteligencia artificial y análisis de big data para detectar patrones delictivos, identificar amenazas y prevenir delitos. Estas herramientas permiten cribar grandes volúmenes de información, facilitando la toma de decisiones y la intervención proactiva, especialmente en la lucha contra el crimen organizado y la trata de seres humanos.
Proyectos como el Forensic Challenge PCP, cofinanciado por la Unión Europea, han permitido desarrollar sistemas avanzados para la gestión integral de investigaciones criminales, desde la escena del crimen hasta la presentación de informes judiciales. Esto ha mejorado la precisión y la trazabilidad de las pruebas.
La integración de software especializado, reconocimiento facial y datos biométricos ha sido decisiva para la identificación de víctimas y delincuentes, así como para el rescate en casos de trata de personas y otros delitos graves. La tecnología ha facilitado la cooperación internacional y la lucha contra el cibercrimen. La Policía Nacional participa en redes europeas y globales, compartiendo información y recursos tecnológicos para combatir amenazas transnacionales.
Algo que parecía impensable hace algunos años, viene ocurriendo con normalidad, llegando a ser solicitado y aplaudido en zonas urbanas y en recintos cerrados de uso público, y me refiero al empleo de tecnologías como cámaras de seguridad e inteligencia artificial. Siguen existiendo debates en torno a la privacidad y a la intervención en dispositivos personales, pero nada que ver con lo que ocurría en los años 80 y 90 del siglo pasado.
La tecnología ha facilitado canales de comunicación directa entre la Policía Nacional y la sociedad. El uso de redes sociales, aplicaciones móviles y sistemas de alerta temprana permiten a los ciudadanos informar sobre incidentes, recibir consejos y participar activamente en la prevención del delito. En cualquier caso, la Policía Nacional, está obligada a equilibrar la protección pública con el respeto a los derechos fundamentales, adaptando sus procedimientos a las expectativas y preocupaciones de la sociedad.
Reflexión sobre la modernización y la gestión policial
Hasta aquí para situarles, con estos párrafos algo desordenados e improvisados, ante los enormes avances que se han producido en los últimos años para modernizar la acción policial que, para alguien como yo, que dirigió y compartió tantos años con la policía, y con su difícil y casi heroico trabajo durante la Transición, me parecen de “otro mundo”. Aquella Policía, la que heredábamos del anterior Régimen, siempre escasa en medios y muy politizada, pero desbordante en imaginación y esfuerzo, en obediencia y sacrificio.
He relatado en otros artículos mi paso por el Ayuntamiento de Madrid, con Enrique Tierno Galván de alcalde. Un alcalde aclamado por la inmensa mayoría del pueblo madrileño, y que por delegación suya ocupé el cargo de delegado de Seguridad y Policía Municipal. En esta responsabilidad empezaron mis incursiones a la vida política y en esta actividad, que englobaba todas las ramas de la “seguridad integral”, comencé a trabajar en la modernización y en la creación de las “nuevas policías”: las dependientes del Gobierno del Estado, las nuevas policías autonómicas allí donde el estatuto de Autonomía las permitía, y en las policías municipales, las más cercanas al ciudadano.
Voy a tratar de contar, sin esos detalles menores que guardaba en la memoria, pero ya olvidados porque esas neuronas que los almacenaban se han apagado, el trabajo que se hizo, que hicimos, un grupo de jóvenes concejales, responsables del área de seguridad en diferentes ayuntamientos, de distintos tamaños e importancia, buscando modernizar esos cuerpos de funcionarios envejecidos y muchas veces maltratados.
Esa ilusión, esa fuerza de juventud, ese compromiso que se convierte en un objetivo alcanzable para servir al bien común, nos reunió a un grupo de personas a las que nos habían encargado gestionar un área del que sabíamos poco o nada, pero que todo lo que se hiciera sería visible desde el día siguiente de nuestro nombramiento. Hombres de uniforme, día y noche de servicio por las calles y plazas de nuestras ciudades, serán una parte importante de la imagen de sus gestores municipales.
(La segunda parte del artículo continuará mañana)















