La evolución de la Policía Local en España durante los últimos cincuenta años

Jorge Alemany Iglesias
Opinión
Jorge A. Alemany Iglesias, Inspector de la Guardia Urbana de Barcelona jubilado

Mi amiga Carmen Martínez Morales, Secretaria de Relaciones Institucionales y Comunicación de Unijepol, me propone escribir un artículo para plasmar mi opinión sobre la evolución de la Policía Local en España, pongamos que en los últimos 50 años.

Evidentemente esa evolución va pareja a la de la propia sociedad española a grandes rasgos, aunque también he podido constatar que esa evolución no ha sido en todos los lugares igual, entre otras cosas porque la propia fragmentación dentro del Estado de los cientos de cuerpos de policía local pertenecientes a los diversos ayuntamientos, ciudades y pueblos así lo determinan.

Dudo sobre el enfoque de este artículo que podría ser político, jurídico legal u organizativo, evidentemente un enfoque omnicomprensivo sería complejo desarrollar aquí, no obstante, unas cuestiones no se entienden sin las otras lógicamente, trataré pues de ser lo más escueto posible, sin dejar demasiadas cosas en el tintero.

Empezaré por la evolución auspiciada por el desarrollo de las leyes que le afectan; con carácter general las diversas “Leyes de Policía” y el desarrollo de estas en las diversas comunidades autónomas; siempre he creído que el desarrollo legislativo de las policías locales ha venido impuesto por hechos fácticos y necesidad, como también lo ha sido la coordinación con otros cuerpos policiales que operan en el mismo territorio, me consta que este es todavía un camino inacabado, en unos lugares más que en otros.

Desde mediados de los años setenta hasta la actualidad, los cuerpos de policía local han pasado de desempeñar funciones limitadas, centradas principalmente en la regulación del tráfico y el cumplimiento de las ordenanzas municipales, a convertirse en servicios policiales modernos, y más integrados en el sistema de seguridad pública. Cierto es que las policial municipales de las grandes capitales también ya ejercían ciertas tareas de seguridad ciudadana.

Sin embargo, la llegada de los ayuntamientos democráticos impulsó un cambio progresivo. Los municipios comenzaron a considerar la seguridad como un servicio público esencial y a dotar a sus policías de mayores recursos y capacidades.

Durante los años ochenta y noventa se produjo una importante renovación de plantillas, uniformes, vehículos y equipamientos. La formación adquirió una relevancia fundamental y comenzaron a consolidarse las academias policiales autonómicas.

En esta etapa también surgieron nuevas especialidades: policía de barrio, educación vial, policía administrativa, unidades de atestados o grupos de proximidad. La presencia policial dejó de ser exclusivamente reactiva para orientarse cada vez más hacia la prevención.

Barcelona constituyó un ejemplo destacado de esta transformación. La preparación de los Juegos Olímpicos de 1992 impulsó una modernización sin precedentes de la Guardia Urbana, que tuvo que adaptarse a los estándares de una gran ciudad europea abierta al mundo y no olvidar que en ese evento se la hubo de considerar como una pata imprescindible, ya que la movilidad y el diseño de los grandes eventos eran vitales.

Si existe un elemento que define la evolución policial de las últimas décadas es la tecnología. La llegada de los sistemas informáticos, las bases de datos compartidas, en algunos casos las comunicaciones digitales y posteriormente Internet modificó la forma de trabajar.

Los antiguos procedimientos basados en documentos escritos dieron paso a sistemas informatizados capaces de gestionar incidencias en tiempo real. Los agentes comenzaron a disponer de terminales móviles, sistemas de geolocalización y herramientas avanzadas para la elaboración de informes y atestados.

Las cámaras de videovigilancia, los lectores automáticos de matrículas y las aplicaciones de gestión policial mejoraron notablemente la capacidad operativa de los cuerpos locales.

Uno de los cambios más importantes ha sido la consolidación del modelo de policía de proximidad. Este no es un fenómeno nuevo ya que con distintos nombres y sistemas de trabajo ha existido casi desde siempre. El peligro es que se debe ser realista y formar esas unidades a las capacidades reales de las plantillas y tener soporte en otras áreas de la Administración. La ciudadanía ya no demanda únicamente una respuesta eficaz ante los delitos, sino también una policía cercana, accesible y capaz de resolver conflictos cotidianos.

La prevención y la colaboración con entidades vecinales, centros educativos y servicios sociales han adquirido una importancia creciente. Hoy resulta habitual que las policías locales participen en programas de prevención escolar, atención a víctimas vulnerables o coadyuvar a la resolución de conflictos privados.

Las policías locales actuales afrontan desafíos muy diferentes, en algunos casos, a los de hace cincuenta años. El terrorismo internacional, los fenómenos migratorios, la violencia de género, y la gestión de grandes eventos exigen una preparación cada vez más especializada.

Asimismo, la sociedad demanda mayores niveles de transparencia, rendición de cuentas y respeto a los derechos fundamentales.

Mención especial merecen algunos retos que marcarán el futuro de las policías locales: la formación de los mandos, la dirección por objetivos, la gestión del talento, la relación con la política municipal, las dificultades de captación y relevo generacional y una coordinación más efectiva con el resto de los cuerpos policiales.

Quizá el mayor cambio producido en estos cincuenta años haya sido el paso de una policía eminentemente administrativa y reguladora a una policía plenamente integrada en el sistema de seguridad pública y cada vez más próxima al ciudadano.

Como final quiero decir que no se debe olvidar a las plantillas pequeñas de policía local que con pocos medios cada día ofrecen el mejor servicio que pueden a sus ciudadanos. No olvidar que mayores recursos sin voluntad de servicio publico solo dan una imagen lejana e impersonal.

Jorge A. Alemany Iglesias.
Inspector de la Guardia Urbana de Barcelona jubilado.

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