Amanece un nuevo año, 2026, y con él vuelve a sonar el despertador a una hora incierta. Hoy toca mañana, mañana quizá noche, pasado tarde. La vida del policía local nunca se escribe con lápiz, siempre con tinta que se mueve. Son 365 días por delante para volver a calzarse el uniforme con la misma mezcla de responsabilidad, vocación y humanidad que el primer día.
Ser policía local es aprender a convivir con lo imprevisible. Patrullas que nunca se parecen entre sí, servicios que no se anuncian, ciudadanos que llegan con prisa, con enfado, con miedo o con esperanza. Es asistir, mediar, explicar, denunciar cuando toca y acompañar cuando duele. Es aplicar cambios legislativos que no siempre se entienden a la primera, y hacerlo con pedagogía, con respeto y con serenidad. Porque aquí no estamos para cortar derechos, estamos para garantizar una convivencia basada en la igualdad y el respeto.
Entre turnos y servicios, la vida sigue. Conciliar familia, deporte, descanso y formación continua es un ejercicio diario de equilibrio. Conocer la ciudad en la que se sirve implica entender su alma: las calles, las fiestas populares, las tradiciones, las idiosincrasias de cada barrio, de cada municipio, de sus dirigentes, de sus responsables políticos y de las jefaturas que impulsan proyectos por consolidar o nuevas visiones por construir.
También es un camino marcado por las ausencias. Compañeros que se jubilan tras toda una vida de servicio, otros que ascienden y asumen nuevas responsabilidades, algunos que parten a otros destinos por comisiones o permutas. Y, en ocasiones, las pérdidas más duras, esas que dejan silencio en el vestuario y nudos en la garganta. A todo ello se suman las bajas, las ansiedades, las dudas que aparecen cuando la presión aprieta. Aun así, se sigue adelante, porque el compromiso es más fuerte.
El policía local es como un semáforo que se adapta al ritmo de sus vecinos. Cuando el respeto fluye y la estructura está consolidada, la unión es firme y duradera. Cuando no, surgen tensiones, miradas desconfiadas, relaciones que se tambalean. Pero siempre hay margen para mejorar, para reconstruir y para volver a encontrarse.
Que 2026 sea un año de avance sin comparaciones. Mirarnos no es compararnos, es reconocernos, valorar lo conseguido y seguir creciendo con serenidad. Este puesto fue una ambición y hoy es una realidad: disfrútalo. No solo la meta, sino el camino.
Desde la Redacción de SeguCITY Digital, enviamos nuestras felicitaciones más sinceras a todos los policías locales que afrontan este nuevo capítulo. Gracias por estar, por cuidar y por resistir.
Feliz año 2026.

















