La educación vial entra en 2026 en un momento decisivo, cargado de cambios normativos, de nuevas responsabilidades y de una enorme oportunidad para reforzar su valor social. No se trata solo de leyes, fechas o cifras, sino de personas que se preparan para cuidar de otras personas. Educadores viales y policías locales son quienes primero asimilan cada novedad para después trasladarla, con cercanía y claridad, a la ciudadanía, a los jóvenes, a las familias y a cada rincón del municipio en el que trabajan. Su labor es silenciosa muchas veces, pero imprescindible siempre, porque una sociedad informada es una sociedad más prevenida y, por tanto, más segura.
En este año llegan avances que buscan reducir la siniestralidad y humanizar la respuesta ante el dolor. La puesta en marcha del teléfono de atención a víctimas de siniestros viales 018 supone un paso histórico. Detrás de ese número hay una intención clara de no dejar solas a las personas que han visto su vida alterada por un accidente de tráfico. Habrá escucha, acompañamiento psicológico, orientación jurídica y apoyo social, con profesionales formados específicamente para comprender la complejidad de estas situaciones. Es una señal de que la seguridad vial no termina en la carretera, sino que continúa en la atención, en el cuidado y en la empatía hacia quienes sufren las consecuencias.
Al mismo tiempo, la regulación de los vehículos de movilidad personal, especialmente los patinetes eléctricos, refleja una realidad urbana que ya no se puede ignorar. El crecimiento de su uso ha venido acompañado de un aumento preocupante de siniestros, y las nuevas exigencias de aseguramiento buscan proteger tanto a quienes los conducen como al resto de usuarios de la vía. Estas medidas generan dudas, preguntas y, en ocasiones, controversia. Es ahí donde la figura del formador vial cobra aún más sentido, como referente cercano que explica, aclara y acompaña sin alarmismo ni distorsión, con rigor y con humanidad.
Las búsquedas en internet y las consultas se multiplican. La gente quiere saber, entender y cumplir. Pero ningún buscador ni ninguna inteligencia artificial puede sustituir la mirada directa, la palabra serena y la capacidad de escuchar que tienen quienes se ponen delante de un aula o de un grupo de vecinos para hablar de seguridad vial. La educación vial sigue siendo ese puente que conecta la norma con la vida real, que transforma una obligación en una oportunidad para cuidar y cuidarnos.
Por eso, en este tiempo de cambios, es justo pedir confianza y ofrecer ánimo a esos profesionales que van a recibir preguntas, inquietudes y también miedos. Su papel no es solo informar, sino hacerlo desde la mejor versión, con empatía, con vocación de servicio y con la verdad como base. Prevenir es acompañar, es estar, es ayudar. Prevenir es mirar a la persona, valorar su experiencia y acogerla. Prevenir se escribe con p de policía, de para ayudarte, de para ti y de para siempre. En ese camino largo y necesario, la educación vial sigue siendo la herramienta más poderosa para construir una movilidad más humana y un futuro más seguro para todos.
















